El Compromiso del Político Católico

Su participación dentro de su entorno.

El compromiso del cristiano en el mundo, en dos mil años de historia, se ha expresado de diferentes modos. Uno de ellos ha sido el de la participación en la acción política [1].

Con esto vemos que no existe ningún campo restringido para los católicos; esto incluye inequívocamente a esta milenaria actividad que parece estar tan lejos de la religión y en ocasiones también de la moral. Es indudable que existe de todo en cada una de las actividades de esta vida, pero la política es una parte importante e integral para la vida de todos los cristianos, porque como fieles laicos de ningún modo podemos abdicar en la participación en la política, si bien con diversidad y complementariedad de formas, niveles tareas y responsabilidades [2], pero todos tratando de participar dentro del entorno político en el que nos desarrollamos.

El cristiano, pues, tiene que participar activa, veraz y firmemente en la construcción y constitución de los Estados Modernos. Sobre todo aquellos hombres públicos encargados de dirigir, el destino ya sea del municipio, del Estado o del país, deben mantenerse firmes en sus principios, sus valores e indudablemente y por sobre todo mantenerse inquebrantables en su compromiso como cristianos, como católicos, como hijos de Dios.

Por todo esto, el político católico no debe y no puede admitir ningún tipo de componendas y debe escuchar “la inalienable dignidad de la conciencia”[3] , pues esta le dictará y guiará en el recto camino, manteniendo siempre sus principios éticos y morales por encima, pues ya lo decía muy acertadamente Ã?lvaro Obregón: “Que se mutilen y sucumban los hombre por los principios, pero que no se mutilen ni sucumban los principios por los hombres”[4] , es decir mantenerse firmes en su fe, en su compromiso, en su moral, como aquellos numerosos hombres y mujeres que sirvieron a Dios y llegaron a la santidad a través del generoso compromiso en las actividades políticas y de gobierno, tal como fue el caso de Santo Tomás Moro, proclamado patrón de los gobernantes y políticos, quien afirmo con su vida y muerte que “el hombre no se puede separar de Dios, ni la política de la moral”[5].

Hoy más que nunca, los políticos católicos deben retomar y entender estas sabias palabras de Santo Tomás Moro, y mantenerse constantes en la lucha contra aquello que atente contra la moral, pues es falso que “la moral es solo cuestión de tiempo” [6]; la moral es y debe ser siempre algo absoluto y nunca algo relativo, aunque ahora este tan en boga la teoría relativista, esta no se debe aplicar de ningún modo a la moral, que se encuentra arraigada en lo más profundo del ser y va más allá del hombre, del bien común y del Estado, como bien nos afirma el Santo Padre Benedicto XVI.

El político católico debe obrar “de acuerdo a su conciencia cristiana”[7] manteniendo inamovibles y absolutos todos aquellos valores y principios que son la base de un buen ciudadano, de un buen cristiano, de un buen católico; aunque esto no quiere decir que seamos intolerantes ante las opiniones de los demás, pero eso sí, siempre obrando bajo estos preceptos, y de la manera que nos parezca más propia y correcta para preservar nuestra integridad y ecuanimidad con nosotros mismos y con Dios, en su Santísima Trinidad y Unidad, al mismo tiempo.

Así pues el obrar del político católico debe ser el de luchar, evitar y rechazar todas aquellas leyes, acciones y cosas que atenten la naturaleza y el buen obrar moral y cristiano, por esto es que no puede permitir el ensañamiento con los más débiles, como el aborto, la experimentación con embriones y la eutanasia; además de la fecundación artificial, las parejas de hecho, el matrimonio entre homosexuales y la adopción de niños por estas ultimas parejas.

Para poderse mantener firmes en este camino el Papa Juan Pablo II les pedía a los hombres públicos católicos que exaltaran las dos “c”: más Coraje y más Coherencia, entre obrar y el hacer, y les pedía que evitaran otras dos “c”: la Cobardía y el Clericalismo [8]; debemos ser entonces Laicos Comprometidos, pues nos dicen muy acertadamente que la “laicidad” es la autonomía de la esfera civil y política de la esfera religiosa y eclesiástica, pero nunca podrá ser esta autonomía en la esfera Moral.

Notas:

  1. CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Vademecum vaticano para políticos católicos, 24 de noviembre de 2005, elaborado por el Cardenal Joseph Ratzinger y autorizado por S.S. Juan Pablo II.
  2. JUAN PABLO II, Exhortación Apostólica Christifideles Laici, n. 42, AAS 81 (1989) 393-521. Esta nota doctrinal se refiere obviamente al compromiso político de los fieles laicos. Los Pastores tienen el derecho y el deber de proponer los principios morales también en el orden social; «sin embargo, la participación activa en los partidos políticos está reservada a los laicos» (JUAN PABLO II, Exhortación Apostólica Christifideles Laici, n. 69). Cfr. Ver también CONGREGACIÓN PARA EL CLERO, Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, 31-I-1994, n. 33.
  3. JUAN PABLO II, Motu Proprio dado para la proclamación de Santo Tomás Moro como Patrón de los Gobernantes y Políticos, n. 1, AAS 93 (2001) 76-80.
  4. ANTONIO MORALES SALDIVAR, Las mejores frases célebres de México y el mundo, 1ª edición noviembre de 1997, pág. 198. Aclaramos que no se trata de una frase literal, sino que pretende ilustrar que los principios y el bien común están siempre por encima de los bienes individuales.
  5. JUAN PABLO II, Motu Proprio, op. cit., n. 4.
  6. Gabriel García Márquez, Memoria de mis putas tristes, México 2004, Pág. 9.
  7. CONCILIO VATICANO II, Constitución Pastoral Gaudium et Spes, n. 76.
  8. Ibíd. n. 1