El Dirigente

Por el cardenal Fco. Javier Nguyen Van Thuan.

El que se hace servidor.

833. En el camino de la esperanza son necesarios los “dirigentes”, es decir guías. También se les llama “jefes”: la palabra significa el que marcha a la cabeza. Si la cabeza no reflexiona, los miembros del cuerpo se aflojan, las convicciones se deshacen, la energía se agota, la confusión se apodera de todo el ser; al final, la obra completa se reduce a nada.

834. Dirigente es el que sabe, que quiere y que realiza:
Saber - Querer - Realizar.
Al mismo tiempo, es fuente de inspiración para los demás.
Saber - Querer y Realizar.

835. Dirigir es servir: servir al Señor, servir a aquellos a quienes guía, servir al bien común, El dirigente debe hacerse servidor.

836. El Señor ha traído fuego a la tierra y quisiera que ésta ya estuviera ardiendo. Déjate inflamar por el ardor apostólico. Así encenderás otras hogueras ardientes y el fuego se propagará de un lugar a otro hasta que el mundo se convierta en un océano de luz.

837. Si Dios te eligió para ser dirigente en tu medio, permanece modesto y generoso. Tu misión es grande; es capital. Piensa en la felicidad de los apóstoles cuando escucharon a Jesús que dijo: “Los haré pescadores de hombres”.

838. Debes creer en tu misión si quieres convencer a otros y transmitirles la llama que hay en ti.

839. Si no curas tu pesimismo, tus crisis de desaliento y tu timidez, no aspires a ser dirigente.

840. El dirigente es el signo vivo de la autoridad. Él debe tener conciencia de esto. El representa la autoridad y debe hacerla respetar en su persona. Así se pondrá al servicio de un mayor número.

841. El más grande fracaso de un dirigente es el tener miedo de hablar y de actuar como tal.

842. Acoge las opiniones de los demás, pero no seas esclavo de ellas.

843. Tomar iniciativas oportunas y eficaces es lo propio de un verdadero dirigente.

844. Con toda tu voluntad concentra tus pensamientos, decide con valor y oportunamente.

845. Puedes tener innumerables ideas. No sirven para nada si no decides ponerlas por obra. El verdadero dirigente tiene pocos proyectos, pero los ejecuta.

846. Es necesario que sepas lo que quieres y quererlo decididamente. Sin esta decisión tus subordinados quedarán paralizados. Dejándoles la decisión siembras en ellos turbación y confusión.

847. El dirigente se somete a sí mismo a la disciplina. Trata de comprender las órdenes de sus superiores y aplicarlas con ingenio. Se esfuerza por encontrar los medios y usa toda su energía para superar los obstáculos.

848. Al criticar a tus superiores haces que decaiga el celo de tus subordinados y creas la desunión. Así les habrás mostrado el camino: pronto pondrán en práctica tus métodos y se echarán contra tus defectos.

849. No existen obras que no estén marcadas con el sello de la cruz. Si no la puedes soportar no obtendrás nada. v

850. Si el dirigente quiere permanecer lúcido debe saber descansar. El arte del descanso es indispensable para quien quiere evitar la irritabilidad, el agotamiento, la hosquedad, la pérdida del dominio de sí y la pérdida de la razón.

851. El dirigente también necesita valor; tiene que poder considerar todas las cosas con calma en todos los lugares y en todas las circunstancias. Sólo así podrá hacer frente a todas las situaciones críticas.

852. El agotamiento te llevará un día a la impotencia. El exceso de tensión te hará perder la paz interior. A pesar de tus ocupaciones y por ellas, aparta siempre un tiempo para la meditación, el estudio y, sobre todo, para la oración. Así encontrarás la paz.

853. No pierdas un segundo, no digas una palabra de más, no pierdas ninguna ocasión. Tus observaciones serán más pertinentes, tu voluntad más resuelta y ganarás la estima de todos.

854. Observar una disciplina personal, organizar tu vida, discernir el valor de todas las cosas, son las condiciones que te permitirán jugar tu papel de dirigente con dignidad y heroísmo. Devolverás a todos la confianza en los momentos de terror o de desconcierto.

855. Ver clara y cabalmente, saber juzgar a los hombres, las cosas y las circunstancias: este realismo es necesario al dirigente para apoyarse así en datos objetivos.

856. Deja que las máquinas manejen los datos, no te duermas en una burocracia caduca y no seas mezquino perdiéndote en los detalles. Debes dar altura a tu mirada, flexibilidad a tu adaptación y relieve a la mediocridad. Tendrás necesidad de consejeros y de expertos, pero sobre todo de tu propia voluntad.

857. Desarrolla y enriquece tus capacidades para servir más eficazmente.

858. Sin las capacidades de un dirigente perderás no solamente tu prestigio, sino también tu dignidad.

859. No exijas de tus dirigentes que estén dotados de todas las cualidades. No vas a encontrar el dirigente ideal. Pero, por cuanto a ti toca, haz de manera que tus capacidades se desarrollen sin cesar.

860. Si el dirigente quiere dirigir todas las actividades y orientar todos los esfuerzos hacía un mismo objetivo, debe poder precisar las ideas directrices gracias a una visión global y comprensiva de todos los elementos de su propia organización.

861. Cada hombre tiene su misterio. Si quieres ser su dirigente, te será necesario conocer a tus subordinados, uno por uno, con sus exigencias, sus gustos, su carácter y sus reacciones, estimarlos en su justo valor y ponerlos en el lugar que les viene bien.

862. Así como Jesús acompañó a sus apóstoles sin interrupción durante tres años, debes tú también vivir en medio de tus colaboradores, simpatizar con ellos, compartir sus preocupaciones, sus gozos y sus tristezas, estar atento a la psicología de cada uno. Te admirarás entonces de su solidaridad y de su celo fuera de lo común.

863. Ponte en Jugar de tus colaboradores, intercambia ideas con ellos, acoge sus confidencias, muéstrales tu interés y tu comprensión. Esta actitud benevolente los incitará a amarte y a tenerte confianza.

864. No busques el rastro de tus méritos en las condecoraciones, las citas en las órdenes del día o en los discursos laudatorios. Encontrarás tu recompensa inscrita en la mirada y en el corazón de tus colaboradores.

865. Si conquistas el corazón de tus subordinados verás cómo despliegan toda su energía en seguirte porque saben que los amas de verdad y que por ellos eres capaz de los más grandes sacrificios. Si no diriges con amor, te verás obligado a utilizar el peor de los métodos: la fuerza.

866. Después de haber conquistado el corazón de sus subordinados, el dirigente se atreverá:

  • a dejarse mirar de cerca sin ninguna molestia.
  • a ir a sus subordinados sin abajarse.
  • a humillarse quedando respetado.
  • a exigir mucho siendo obedecido sin condición.

867. No olvides que tus subordinados son hombres, personas, hijos de Dios. Sólo ellos mismos y el Señor tienen autoridad sobre ellos. Nadie tiene derecho de considerarlos como propiedad personal o como instrumentos de producción.

868. El dirigente generoso y que no se hace notar, trabaja para su sucesor, quien quiera que sea. Debes dedicarte más a la prosecución de la obra emprendida que a tu renombre y a tu interés personal.

869. Si el dirigente no es ejemplar, será obedecido, pero no respetado. Si sólo es ejemplar en el ejercicio de sus funciones, será obedecido, pero no será amado. Si es ejemplar en todo, será a la vez obedecido, respetado y amado. Ejercerá una influencia profunda.

870. Se reconoce al dirigente talentoso por la manera en que agrupa a sus colaboradores:

  • los busca,
  • los descubre,
  • los acoge,
  • los forma,
  • les da confianza,
  • los utiliza
  • y los ama.

871. El secreto del dirigente está en Dios. Porque el Señor delega su poder y no abandona a ninguno de los que se apoyan en él para ejercer sus funciones de dirigentes. La modestia y la caridad son cualidades fundamentales: el dirigente debe dejarse orientar por el evangelio.

872. El dirigente no se limitará a consultar los reportes. Se esforzará utilizar el por leer “el libro de la vida” de sus subordinados; descifrará sus corazones, sus capacidades. Se interesara por sus problemas

873. Jesús no trató de transformar inmediatamente a sus apóstoles... por decreto. Les dejó el cuidado de renovarse a sí mismos. Confía en los demás y recibe su confianza. Vive de tal manera que tengan ganas de vivir como tú.

874. Jesús no da sus órdenes a horas determinadas. Tampoco organiza sesiones de formación moral. El utiliza las ocasiones concretas que le proporciona la vida diaria para dar a sus apóstoles verdaderas lecciones: la vista de una viña, de una higuera, de un propiedad campo de trigo, y también de los niños que se divierten, de los apóstoles que disputan un lugar...

875. Aunque Jesús pronunció verdaderos discursos sobre puntos precisos, para su apostolado directo prefirió los encuentros imprevistos. En circunstancias completamente inesperadas Zaqueo, Simón, Magdalena encontraron la gracia.

876. Jesús no eliminó a los apóstoles que no lo comprendían o que se mostraban reacios ante El. No te desalientes, sé paciente y a la vez permanece amable con los que dan muestras de malevolencia, de mala fe o de bajeza. La gracia de Dios los convertirá.

877. En muchas familias y comunidades, para dialogar, sólo se utiliza la palabra. Si se dialogara con los corazones, se acercarían más las almas.

878. Durante su diálogo con Pedro, Jesús no lo interrumpe en sus arrebatos. No son las injurias ni los sarcasmos los que arruinan al mundo. No temas y, en lugar de razonar, continúa hablando con al corazón.

879. ¿Dónde encontrar el secreto del diálogo que libera las almas y que regocija e ilumina los corazones? Búscalo en el evangelio.

880. Jesús no rechaza ninguna tentativa de diálogo. Responde a sus amigos, a los desconocidos, a los extranjeros, a los pecadores y también a sus opositores.

881. En todas las circunstancias, el dirigente debe ser todo para todos. Debe aceptar toda clase de tareas, de fatigas y de oposiciones. También puede ser necesario que sacrifique su vida por el mayor bien de la comunidad. ¡Pero que jamás disminuya la preocupación que llevas en tu alma!

882. Cuando aceptes una responsabilidad, nunca olvides esto: después de haber puesto toda tu buena voluntad para- cumplir la misión que se te confía, tendrás que considerarte como un servidor inútil, consciente de tus insuficiencias. No sentirás entonces ningún sentimiento de asombro, ni de tristeza por la incomprensión y la ingratitud que hayan encontrado tus esfuerzos.